En el anexo Santiaguero de la comunidad campesina José Ignacio Távara Pasapera, ubicado en Chulucanas en Piura, el bosque seco no es solo paisaje, es memoria, sustento y futuro. Desde hace más de treinta años, este territorio ha sido escenario de un trabajo constante por la conservación, la restauración y el uso sostenible del bosque seco, un esfuerzo que ha caminado de la mano con la mejora de las condiciones de vida de quienes lo habitan y lo cuidan.
Durante el año 2026, este compromiso continúa a través de actividades de fortalecimiento de capacidades orientadas a mejorar la gestión del territorio desde un enfoque de paisaje. Estas acciones forman parte del proyecto “Incremento de la resiliencia de las comunidades locales del bosque seco de Piura, Perú”, ejecutado por AIDER y financiado por la Cooperación Belga al Desarrollo a través de BOS+, y buscan acompañar a la comunidad en la construcción de un manejo más consciente y sostenible de su entorno.
Mirar el territorio desde un enfoque de paisaje implica entenderlo como un todo vivo, donde la naturaleza, la comunidad y la economía se entrelazan. Esta mirada integral permite tomar decisiones más informadas sobre el uso de la tierra y los recursos naturales, respetando los procesos del ecosistema y proyectando un desarrollo que sea sostenible en el tiempo.
Las capacitaciones se convierten así en espacios de aprendizaje y reflexión colectiva. A través de ellas, los participantes fortalecen sus conocimientos y herramientas para la gestión territorial, incorporando metodologías aplicables a nivel comunitario que les permiten planificar su territorio, gestionar de manera sostenible sus recursos naturales y promover iniciativas que contribuyen a la conservación del bosque seco.
Los resultados de este trabajo ya se hacen visibles. Durante el año 2025, se protegieron 40 hectáreas de regeneración natural asistida (RNA), reafirmando el compromiso de la comunidad con la recuperación del bosque. Además, como parte de un acuerdo de conservación, se entregaron 28 colmenas, impulsando la producción de miel y fortaleciendo los servicios de polinización, con beneficios que se reflejan tanto en el ambiente como en la economía local.
Para el año actual, el acompañamiento a la comunidad continuará, con el apoyo a la formalización de su organización un paso clave para acceder a fondos públicos y privados y el fortalecimiento de capacidades en gestión territorial con enfoque de paisaje y gestión empresarial. Todo ello con un objetivo claro y compartido, dar continuidad a las acciones de conservación y restauración, y seguir construyendo un futuro donde el bosque siga siendo bosque.