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El Naranjal: Agua, Territorio y Futuro La Comunidad Asháninka que Transforma su Historia

Un territorio resiliente que aprendió a defenderse

En lo profundo de la región Huánuco, donde el camino combina largas rutas terrestres y la navegación por el río Pachitea, rodeado por la quebrada Yamiriá, se encuentra la Comunidad Nativa El Naranjal, del pueblo indígena Asháninka. En este territorio de gran riqueza cultural y natural, las familias enfrentan durante años amenazas silenciosas pero persistentes. El ingreso de empresas interesadas, únicamente, en la extracción de madera, el avance del narcotráfico en la zona y el desconocimiento de sus propios límites comunales, factores que acentuaron su vulnerabilidad frente a presiones externas.

En este escenario desafiante, donde la distancia no solo es geográfica sino también histórica, la comunidad luchaba por sostenerse. El jefe comunal Daniel López Arévalo, recuerda con claridad cómo muchos jóvenes se veían obligados a migrar para buscar trabajo, mientras la comunidad, sin herramientas técnicas, sin respaldo legal y sin aliados estratégicos, intentaba proteger su territorio frente al avance de la tala y la inseguridad.

Pese a estas dificultades, El Naranjal nunca dejó de resistir. Su gente mantuvo viva la esperanza de que su bosque, su cultura y su hogar pudieran defenderse y fortalecerse. Ese espíritu de perseverancia es el que hoy impulsa la transformación de su territorio.

La fuerza comunitaria que encendió el cambio

Durante años, las intervenciones externas en El Naranjal estuvieron centradas en la extracción de madera, la tala y la presión constante sobre el territorio. Sin embargo, un punto de quiebre permitió que la comunidad iniciara un proceso de transformación integral, orientado a fortalecer su organización, manejo del bosque y producción.

En este camino, el Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático del Ministerio del Ambiente, jugó un papel clave al impulsar la instalación de áreas de cacao en el territorio comunal. Sobre esta base, AIDER, mediante asistencias técnicas, introdujo cultivos sostenibles como maíz, plátano, arroz y plantaciones forestales, ampliando las posibilidades económicas de las familias y reduciendo la dependencia histórica de la extracción maderera.

A la par del fortalecimiento productivo, se consolidó la gobernanza comunal, promoviendo la participación activa de los jóvenes, la organización interna y el trabajo en equipo. Con estas nuevas herramientas, muchos comuneros comenzaron, por primera vez, a visualizar un futuro distinto: un futuro en el que el trabajo dentro de su propio territorio, la mejora de sus ingresos y la conservación del bosque se convirtieran en pilares de su desarrollo.

Seguridad Territorial: De la Incertidumbre a la Protección Real

Durante años, la comunidad desconoció con precisión los límites de su territorio. Esto generaba problemas constantes con caseríos cercanos y hacía difícil defender sus derechos. En la actualidad El Naranjal cuenta con: Linderamiento definido y reconocido por las familias, colocación de hitos en campo y el proceso avanzado de inscripción del título georreferenciado.

Este proceso devolvió tranquilidad, seguridad jurídica y capacidad real de defensa territorial. “Antes no sabíamos dónde terminaba nuestro territorio; ahora sí podemos identificarlo y protegerlo”, enfatiza el jefe comunal.

Guardianes del Bosque: Vigilancia y Control Comunitario

La comunidad implementó su Comité de Vigilancia y Control Forestal Comunitario, articulado con la Policía Indígena.Esta alianza ha permitido reducir la deforestación, fortalecer la presencia comunitaria en el territorio y promover una cultura de conservación liderada por los propios comuneros.

La vigilancia ya no es una respuesta improvisada; ahora es una estrategia sólida, organizada y sostenida en el tiempo.

Obras construidas con identidad y liderazgo

La gestión comunal, liderada por Daniel López de 37 años y fortalecida por los procesos de gobernanza, permitió desarrollar importantes mejoras en la comunidad: Construcción de su escenario comunal, donde hoy celebran actividades festivas y culturales, implementación de un campo de recreación con iluminación, que fortalece los espacios comunitarios y mejoras en la posta médica, incorporando sillas de ruedas, camillas y otros implementos que benefician a toda la población, gracias al fondo comunal.

Estas obras no solo representan infraestructura; representan dignidad, orgullo y fortalecimiento organizativo.

El agua que trae vida: un logro histórico para la comunidad

Uno de los avances más significativos es el mejoramiento del sistema de agua potable, un sueño largamente esperado por las familias de El Naranjal, en proceso de proyección y ampliación para fortalecer el sistema y beneficiar a toda la comunidad.

El acceso al agua no es solo un servicio; es salud, bienestar y dignidad. Para la comunidad, abrir un caño y ver correr agua limpia es una victoria construida con esfuerzo, organización y trabajo conjunto.

AIDER y El Naranjal: una alianza para el desarrollo sostenible

El jefe destaca que la comunidad valora profundamente el acompañamiento de AIDER, reconociéndolo como una oportunidad para transformar su futuro colectivo. Su apoyo ha sido integral y sostenido a través del programa de Manejo de Bosques Comunales, abarcando la promoción de una producción sostenible, el fortalecimiento de la gobernanza y la defensa territorial, el saneamiento físico-legal, la vigilancia y el control forestal comunitario, así como el mejoramiento de la infraestructura social y el acceso a agua segura, gracias a los beneficios económicos que obtienen por la conservación de sus bosques.

AIDER y El Naranjal: una alianza para el desarrollo sostenible

Hoy, El Naranjal avanza con la convicción de que la conservación del bosque no es solo una estrategia ambiental, sino un camino de vida que garantiza el futuro de sus hijos.